HACIENDO CUENTAS

Te di mi sonrisa, mis manos y mi tiempo.

Compartí mi música y mis libros, compartí mis secretos.

Te di lo mejor de mí, te di mi afecto.

Tú, en cambio… tú me diste soledad, traición y silencio.

Pero, ¿sabes? De dar lo que te di, no me arrepiento.

A fin de cuentas… ¿Quién gana y quién pierde en esto?

Te colaste por la ventana, pretendiendo hacer tuyo lo que era ajeno,

aprovechando del manso su confiado sueño,

y echaste en tu morral objetos extraños y bellos.

Luego, ya en tu cubil, quisiste hacer recuento,

pero abriste la saca y sólo salió tu propio desconcierto.

¿Dónde estaba el botín, dónde tu premio?

Al fondo, cero, nada, un agujero negro,

pues no hay fortaleza que haga un rehén del ingenio,

y se vuelve a su casa, para arropar al que quedó durmiendo.

Flotando en derredor, tus excusas revelan los hechos.

Egoísmo y perfidia, falsedades e inventos,

de una obra mediocre, ingredientes perfectos.

Que roba la nada quien pretende, hacer suyo del otro el talento,

pues muere por su boca, igual que el pez del cuento.

Y he de insistir, porque no pareces entenderlo:

¿QUIÉN GANA Y QUIÉN PIERDE EN ESTO?

Yo tengo lo que soy, porque lo que soy es lo que tengo.

¿Y tú? Un ladrón de luz, eso es lo que en ti veo.

Que trata de agarrarla, pero ve que se escurre entre sus dedos.

Que quiere todo, que entrega nada, y acaba siendo preso,

preso de su elección, y de sus planes negros,

preso de una carencia que amarga sus sueños.

Ahora golpea tu rostro, de la verdad el viento,

y es ahora, desnuda, cuando tu piel contemplo,

que ahora no te cubre, de mi candor, el velo.

Ahora sí, ahora sí te veo.

Dime, ¿Quién gana y quién pierde en esto?

Lo cuento con mis manos, y queda resuelto:

Tú perdiste la máscara, y yo…

¡Yo gané mi propio respeto!

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