ESPAÑA 2012: NACIONALCATOLICISMO Y MAMANDURRIAS.

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“¡Alerta ciudadanos del mundo! La familia está siendo destruida. Y se trata nada menos que de un complot a nivel mundial. Hay gobiernos interesados en que los niños mueran y todo el mundo sea marica, lesbiana o pervertido”.

Con tanta contundencia como estupidez la iglesia anunciaba que el fin del mundo vendría de la mano de gays, lesbianas, divorciados y abortistas, esos insensibles fornicadores que propugnan la generalización del modelo familiar “Sodoma y Gomorra”.

Me preguntaba yo, ignorante de los vericuetos y pormenores de tal complot, cómo se las apañarían los gays para destruir a las familias. Y debo ser muy cortita, porque sigo sin entenderlo. En cualquier caso, a mí siempre me ha parecido que una familia se destruye cuando no tiene un hogar donde vivir, una seguridad en la que criar a sus hijos, una educación y una sanidad de calidad, unos derechos básicos, una mínima dignidad, en fin.

Pero resulta que no; resulta que la ausencia de tales bondades no destruye a las familias, como tampoco las destruye, al parecer, que miembros eclesiásticos arrebaten un recién nacido a su madre, para vendérselo “desinteresadamente” –gastos de gestión aparte- a quienes puedan pagárselo y que, con suerte, veinte años después de sufrir y llorar la pérdida, dos familias queden emocionalmente rotas.

Resulta también que el gobierno puede saquear al pueblo de manera vergonzosa, después de haber accedido al poder mediante engaños, quitándole a los trabajadores lo que por derecho les corresponde, privándoles de lo más esencial pero, en tanto no sean familias monoparentales, gays, solteros, o divorciados, mientras las mujeres se pongan a parir como conejas, da igual las condiciones en las que vivan: la iglesia no tiene nada que opinar al respecto. El saqueo reiterado y la represión, la imposibilidad de formar una propia familia, de acceder a una vivienda, de dar una educación y un futuro a los hijos no destruye a las familias; amar a quien te dé la gana, por lo visto, sí.

Debe ser así, porque esos mendas con sotana que aseguraron que “los niños se dejan violar y provocan a los adultos”, o que “si la mujer aborta el marido puede abusar de ella”, están callados como putas en Cuaresma mientras que el gobierno despoja a las familias de todo aquello que necesitan para constituirse y mantenerse como tales.

A lo mejor va a ser porque, bajo el régimen, ellos siguen sin ir a la cárcel por robar bebés, por practicar la pederastia, por hacer apología de la violencia de género o por no pagar impuestos.

Con semejante contubernio nacionalcatólico no resulta extraño que, mientras Valencia arde literalmente y el país se incendia virtualmente, nuestro presidente se tome la molestia de ir a “devolver” –como si lo hubiera encontrado él mismo- el Códice Calixtino.

Y también suena ya a cantinela repetida la consabida batalla contra el aborto por parte de aquéllos que en más de una ocasión han enviado a sus hijas a abortar a Londres (será porque, como allí son protestantes, a Dios no le importa).

Pero lo que ya resulta del todo indignante es que, en este contexto histórico y económico venga ahora Gallardón a decir que el aborto no será legal en el supuesto de malformación del feto. ¡Qué ideal, Albertito! Es propio de una facción política como la tuya imponer a gente sin recursos la manutención y cuidados de un futuro hijo minusválido, en el marco de un gobierno que niega el trabajo, la cobertura sanitaria, la educación de calidad y, por supuesto, la ayuda a la dependencia. ¡Qué gran amor a la humanidad debes sentir, qué filantropía la tuya, qué consideración, añadir más trampas al camino de una población que día a día se está viendo abocada a vivir en la calle, buscando comida en los contenedores de basura, y siendo reprimidos a golpe de porra si manifiestan su absurda pretensión de supervivencia!

Pero ya, para remate de los tomates, sale hoy la inenarrable Esperancita a la palestra, para declarar que “hay que eliminar subsidios, subvenciones y mamandurrias en general”.

Controlado ya lo que podemos manifestar, abatidos a golpes por una policía a la que en estos momentos se intenta sobornar devolviéndoles la paga de Navidad, bajo el eufemismo de “su singularidad” dentro del funcionariado, sin prestaciones, pagándonos las medicinas, y con una Gestapo uterina, al más puro estilo Ceaucescu, ya sólo les queda imponer el derecho de pernada.

Y entretanto, la solidaria Iglesia, calladita (que como todos sabemos, está más guapa).

Pero eso sí: “Marca una X a favor de la iglesia”. Una M voy a marcar yo.

M de mezquinos, de mafiosos, mentirosos y manipuladores, M de miserables.

Y M también, por qué no, del lugar al que en mi opinión se pueden ir todos ustedes.

Parafraseando al inolvidable Fernán Gómez: “A la mierda. Váyanse todos ustedes a la mierda”.

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LA CAÍDA DEL IMPERIO MARIANO

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Presidente Rajoy-Bashar Al Assad:

Creo que ahora entiendo por qué su primo se siente inmune. Y no me refiero al que dijo que eso del calentamiento global era una chorrada; me refiero al otro, al que gobierna Siria. Ése al que la ONU condena y no condena por enviar tropas armadas a disparar a ciudadanos, hijos, madres, abuelos…

Creo que ahora entiendo por qué, a pesar de saberse no querido, odiado incluso, sigue en su puesto; “Vosotros, occidentales de pro, tan modernos, tan evolucionados, os creéis a salvo de esto que yo hago a mi pueblo, mientras que lo mismo ocurre en vuestras propias narices”. Algo así, digo yo, deberá pensar su primo Bashar entre risitas cuando ve las noticias de España en la televisión.

Los mineros, los profesores, los médicos, los bomberos, los funcionarios, los autónomos, los abuelos, los parados, los estudiantes, los niños, las embarazadas, los desahuciados, los estafados por las preferentes… TODOS salen a la calle, y usted les echa los perros.

En Siria la represión se ejecuta a manos del ejército hacia el pueblo indefenso. Aquí, nos envían policías con porras, escudos y pelotas de goma. ¿Y creemos que nuestra situación es mejor que la de los pobres sirios? Una anciana menudita ha sido detenida por varios policías corpulentos, una niña de once años salió con un brazo roto, otra de doce fue golpeada, derribada y herida con una pelota de goma… Pero yo no tengo nada en contra de la policía, no se equivoque. Yo creo que ellos también son el pueblo. Ellos cumplen órdenes… De momento. Y es que no he visto cosa más tonta que recortar, encima, los derechos de aquellos que conforman la fina línea que les mantiene a ustedes a salvo. Su necedad no tiene límites, oiga. Pero yo me alegro; así también los policías se darán cuenta de que están siendo manipulados. Los policías son personas, por si no lo habían notado usted y sus compinches.

Se lo plantearía en forma de pregunta, pero desgraciadamente no me cabe ninguna duda de que, cuando los defensores de la ley y el orden se den cuenta de que ellos también están en el saco, -y gracias a su codicia y su necedad ya empiezan a notarlo- cuando se den cuenta de que ésas, la ley y el orden, están siendo violadas por ustedes, y no por nosotros, el cobarde gobierno que usted dirige sacará a las calles al ejército, como su primo Al Assad… ¿O no?

Bueno, no estoy muy segura de eso tampoco. Verá: conozco a varios militares de profesión a los que se les ha comunicado que se les va a robar la paga de diciembre, y que si quieren dejar algo a sus hijos en el sofá tendrán que esperar a las rebajas de febrero. Pero oiga: con su poder, lo mismo consigue usted cambiar la fecha de la Navidad…

Alguien me ha advertido que, por expresar lo que siento y lo que pienso, me pueden llevar a la cárcel acusada de terrorismo. Pobre de mí, que lo más grave que he hecho, como ama de casa que soy, ha sido a lo sumo dejar quemarse la tortilla de patatas. Yo les digo que hay libertad de expresión, pero, según me explican, para expresarse libremente hay que ser, como poco, diputada. Así, ya puedes mandar joderse a cinco millones de personas, o puedes decir abiertamente, como ha hecho la señora Botella, que es normal que los pobrecitos sufran más, los funcionarios un poco menos, y las esposas de ex presidentes poco o nada. (Bueno, vamos a concederle el beneficio de la duda, y pongamos que ella sufre cuando le depilan las ingles).

De modo que, aquí, en Siriaña, las cosas están así: los derechos, recortados, los ciudadanos de bien viviendo en la calle, los ahorradores con su dinero secuestrado, los niños hacinados en las clases, los pensionistas pagándose las medicinas y las consultas, los funcionarios, estafados, los parados sin protección y encima insultados, los policías, que también son trabajadores con hijos, obligados a cargar injustamente contra sus vecinos… Y luego están nuestros supuestos derechos: a la manifestación, reunión y expresión, reconocidas por la Constitución Española, las llaman terrorismo, y así, como su primo Al Assad, se garantizan ustedes que aquí no chista nadie.

Por si esto fuera poco, a alguno de sus acólitos se le ocurre pedir a los votantes peperos que salgan a la calle a “defender sus decisiones”. ¿Es que quiere una guerra civil? ¿Tan grande es el ego de ustedes que prefieren ver cómo nos matamos entre nosotros antes que renunciar a esos privilegios a los que han accedido con la ilegitimidad de la mentira descarada?

La verdad, si me pueden acusar de terrorismo por esto, no sé de qué les podrán acusar a ustedes. El suyo sí es auténtico terrorismo: estado de terror, gobierno de terror, pero sobre todo de estupefacción; mientras que los que levantamos el país nos vemos sin dinero, sin casa, sin trabajo, sin sanidad, sin educación y sin ayudas, la banca, responsable de todo esto, no solo no paga nada, sino que recibe una recompensa por su gestión en forma de rescate. Un rescate que sale de robarnos todo aquello que legítimamente nos pertenece, un rescate que tiene como consecuencia convertirnos en un país del tercer mundo. Mientras, la Iglesia está exenta de impuestos y recibiendo dinero público, los defraudadores, con amnistía fiscal, los corruptos, en la calle y de rositas, perpetuándose además a través de sus vástagos, que pueden impunemente insultar al pueblo que les ha proporcionado la silla en la que se sientan.

Y todo esto… ¿Por qué?

Porque se ha construido sobre humo. Si los españoles no hemos dejado en ningún momento de trabajar, de producir, si los pescadores pescan, los agricultores siembran y recogen, los panaderos hacen el pan… ¿Por qué de repente todo eso se esfuma? ¿Dónde está el resultado de nuestro trabajo?

Resulta que eso que llaman “economía” es un concepto abstracto. Resulta que hay mucha gente que, sin pagar impuestos por ello, se dedican a algo que no produce nada para nadie, excepto para sí mismos. Como una reputación, que puede hundirse a base de rumores, ese mercado de aire en el que no pueden comprarse frutas, pescado ni pan puede hundirse a base de indirectas. Así, en un minuto un montón de ciudadanos pueden volverse pobres de la noche a la mañana, para que un especulador pueda comprarse un yate nuevo.

Ninguno de esos brillantes malabaristas de lo conceptual sabe nada que tenga que ver con la realidad, con hundir las manos en la tierra, o en la mina, con agarrar las redes. Les resulta absolutamente desconocido que los manjares ante los cuales se sientan para festejar su manifiesta inutilidad han pasado por las manos de aquellos a los que desprecian. Tampoco les es conocida la realidad de aquellos que enseñan a los más pequeños Geografía, Historia o Literatura, o de aquellos que en un hospital, a las tres de la madrugada, cambian un gotero.

No. Ellos han creado una economía ficticia, que ahora nos deja al pueblo llano, a esos que estamos acostumbrados a las cosas reales, golpeando el aire para combatir a sus fantasmas. Su economía es un fraude. Un fraude y un fiasco, porque una hogaza de pan no puede deshacerse con indirectas, pero su mundo imaginario sí. Y de eso saben mucho ustedes, de mundos y amigos imaginarios; mientras que los esclavos construyen la pirámide de un faraón que, aunque él no lo sepa, ya está muerto, mientras que la cripta se llena de joyas y alimentos que no podría disfrutar ni en siete vidas, mientras el pueblo pasa penalidades y carga las piedras de una tumba en la que se entierran sus propios proyectos e ilusiones, ustedes se encomiendan a la Virgen del Rocío, a la Macarena o al propio Dios, que, según sus propias palabras, señor Rajoy, es el jefe, pues hay que hacerlo todo “como él manda”. (Debe ser todo un privilegio recibir órdenes directas de Dios, oiga…).

Entretanto, un crujido hace tambalearse el basamento de ese mundo de mentiras en el que ustedes gozan de sus mal ganados privilegios.

Poco a poco.

Como un topo ciego que roe los cimientos de la casa en la que vive, la codicia de ustedes acabará por echarles encima el techo de mentiras que se han construido.

Ya pueden encomendarse a esos amigos imaginarios que tienen. Me da a mí que les va a hacer falta.

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CARTA DE AMOR A RAJOY

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Señor presidente: YO LE AMO.

Es algo que no puedo ni debo seguir ocultando por más tiempo. Y la verdad, no sin cierto reparo. Porque yo antes no creía en usted. Pero nada nada, ni un poquitín.

Pensaba que era usted un facha de la peor calaña, usted y todo su equipo. Pensé que íbamos a estar por lo menos cuatro años –ocho, si tenemos en cuenta la trayectoria que habitualmente describe el bipartidismo- sufriendo medidas opresivas, a favor de unos cuantos privilegiados, que se comportarían como señoritos de cortijo, como señores feudales, como franquistas en su esplendor.

Me equivocaba.

Me equivocaba y por eso le amo.

Yo le amo porque usted ha hecho algo muy difícil. Ha alcanzado un logro que hasta ahora ningún político en España llegó a soñar siquiera. Usted, mi presi, mi amor… USTED ES UN HÉROE.

Antes de que usted llegara, los ciudadanos nos conformábamos con cualquier cosa. No estábamos acostumbrados a la calidad de vida, ni siquiera soñábamos con ella. Creíamos, pobres ignorantes, que lo máximo a lo que podíamos aspirar era a estar treinta o cuarenta años entregándole a alguna entidad bancaria el fruto de estar doblando el espinazo durante cuarenta horas semanales, a cambio de un agujero en el que vivir y criar nuevos siervos para el Estado. Qué burros que somos. Antes de su llegada, las personas de a pie creíamos que “nuestros sueños” tenían forma de trabajo fijo, una ocupación absorbente que ni siquiera nos gustase, pero que nos proporcionase un estipendio mensual mínimo con el que sentirnos los reyes del mambo pagando un coche a plazos y entregando vales descuento en el Carrefour.

Se necesita ser asno. Y es que el pueblo, en el fondo, precisa de la tutela de alguien como usted.

Menos mal que ha venido a liberarnos.

Ahora ya nadie sueña con esas tonterías. Ahora ya nadie piensa que la política hay que dejársela a los “profesionales del sector”. Gracias a usted, que ha tenido a bien quitarnos esas minucias con las que nos contentábamos, tenemos tiempo y energía suficientes para comportarnos como auténticos ciudadanos, responsables, comprometidos, con sentido de la cohesión, con conciencia social. Ahora nos agrupamos para ayudar a desconocidos a los que van a desahuciar, ponemos en marcha cartas para enviar al Tribunal de la Haya, nos organizamos en frentes cívicos, leemos sobre lo que ocurre en otros países, nos informamos sobre alternativas económicas, sobre política, sobre derechos civiles…

Sí. Definitivamente, habrá un antes y un después del Gobierno Rajoy.

Usted ha hecho historia. Y me temo que yo no le he ayudado mucho.

Verá: yo no le voté. De hecho, mi limitada mente no podía comprender cómo era posible que congregara usted a tanta gente ignorante ondeando esas banderitas azul celeste, con ese hipocorístico cariñoso de José (Pepe) impreso en ellas. Veía que muchos eran ancianos, sí, y otros eran gente que aseguraba que el suyo era “el partido de su familia” (se ve que esas cosas se heredan en su facción, yo, como soy ignorante, decidí tener mis propias creencias políticas, en lugar de preguntarle a mi padre, seré burra).

Como quiera que las encuestas le daban por ganador, me senté una tarde a pensar, y me di cuenta de que usted era lo mejor que le podía pasar al país. Y así, comenté un día en una reunión con unos amigos: “Está bien que Rajoy salga elegido. Lo hará tan mal, que en cosa de un año le odiará todo el mundo”.

Naturalmente, también en eso me equivoqué. Un año, qué bruta. Pero verá, yo es que había incluido en la ecuación el factor “decoro”; pensaba que les daría un poco de apuro, o vergüenza, quitarse la máscara nada más terminar el baile. Qué tonta. Cómo iban a sentir vergüenza, si ustedes de eso no gastan…

Espero que sepa disculparme por haber sido tan estrecha de miras. Su desprecio me dolería especialmente porque yo le amo. Le amo de una manera que jamás sospeché, viendo aquellos mítines, no lejanos, en los que su barba prognata recibía invariablemente la visita de su lengua cada diecisiete segundos, entre promesa y promesa de bajada de impuestos, de protección a la sanidad, a la educación… Le veía humedecer su labio inferior como para lubricar las palabras que salían de su boca. Y no creía en usted.

Idiota de mí.

Ahora no pasaré a la historia.

Ahora, cuando gracias a usted el pueblo haya puesto patas arriba el chiringuito político, encarcelando a corruptos, acorralando a las rubias oxigenadas de mirada aviesa que venden España a dueños de casino, o que dedican exabruptos a cinco millones de desdichados, mientras sus papás se pasean en aeropuertos para personas, ahora, cuando todo se acabe, yo no podré decir que contribuí al cambio.

Porque yo, pobre imbécil, no le voté. Así que no puedo beneficiarme de la gloria.

Pero puedo amarle.

Amarle por cumplir la única promesa que importaba de su programa:

EL CAMBIO.

La ilusión ha devuelto el brillo a mis ojos. La ilusión y el deseo.

Usted me pone, señor presidente. Me pone mucho.

En las tórridas noches de julio, antes de cerrar los ojos pienso en usted, en su barba, en su lengua… Y también pienso en su glamoroso séquito, no crea: pienso en las carcajadas de Esperanza Aguirre, en la soberbia de Soraya Sáenz de Santamaría, en las declaraciones paternalistas y perdonavidas de Ana Botella, asegurando que es normal que suframos más que ella. Pienso en sus palmeros del congreso, aplaudiendo y felicitándose por su periplo de destrucción, destrucción de la sanidad y la educación, de las ayudas sociales. Pienso en la grieta que cruje bajo el Congreso… Y me pone toda, oiga.

Me pone saber la velocidad que puede alcanzar la estupidez cuando tiene la perfecta forma redonda que necesita para rodar cuesta abajo.

Me pone mucho, presi.

¡Oh, sí,sí,sí!

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